Si llevas el flequillo largo, te cortas y estás triste. Si llevas la gorra levantada, te drogas y eres indeseable. Si llevas el pelo largo y vistes de negro, eres un guarro drogadicto al que es mejor no acercarse (que seguro que va armado). Si llevas patillas y gafas de pasta, entiendes el arte abstracto.
Pero si te gusta Sunny Day Real Estate, tienes que llevar el flequillo largo; si te gusta ir al Fabrik tienes que llevar la gorra levantada; si lo que te gusta es tocar la guitarra (o el hacha, como tú la llamas) tienes que llevar los pelos largos e ir de negro; y ¿cómo vas a entender el arte abstracto si no llevas gafas de pasta?
Tienes que pertenecer a una tribu porque eres de una forma específica; y tienes que ser de una forma específica porque perteneces a una tribu. P es porque Q; y Q es porque P. Creo recordar que esto se llamaba falacia petitio principii.
La sociedad alimenta este comportamiento generalizando a cada tribu social. Todos los que escuchan la misma música y visten igual, son de la misma mentalidad. Para todos, eso es un hecho. Es cierto que hay gente que prefiere que sea así, es decir, como quiero que se sepa que soy Punk, me hago una cresta, voy lleno de tachuelas, y opino y critico lo mismo que opinen y critiquen todos aquellos que vea con cresta y tachuelas. ¿Pero es generalizar un comportamiento adecuado? Desde mi punto de vista, no. Generalizar no es más que anteponer prejuicios a una persona a la que juzgas simplemente por su aspecto externo. Pero dentro de cada uno, hay todo un mundo con miles particularidades que lo diferencian del resto, y es aquí donde hay que explorar.
Sin embargo, esto no es un mensaje para la masa de gente que prejuzga, sino para la masa de gente que es prejuzgada.
Si de verdad quieres diferenciarte y ser tú mismo, no confundas esta postura con el "molestar por molestar", porque eso sólo lleva a incluirte en una tribu marginada, a imitar el comportamiento de otros que también quisieron ser distintos y no tuvieron el valor de hacerlo, porque necesitaban el apoyo de una manada de distintos (aunque iguales entre ellos) que no lo discriminasen.
Hoy por hoy y con la sociedad actual, la única forma de ser distinto a los demás es ser uno mismo. Son dos conceptos distintos (ser distinto y ser uno mismo), pero que actualmente van paralelos, porque poca gente se atreve a ser quien es de verdad. Todos prefieren darse la espalda a sí mismos para que la sociedad o, mejor dicho, su tribu, sea la que sea, les acepte.
Mostrando entradas con la etiqueta convenciones sociales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta convenciones sociales. Mostrar todas las entradas
viernes, 18 de septiembre de 2009
sábado, 4 de julio de 2009
Miradas de desdén
Ayer fui al centro de Madrid con mi novia. Estuvimos en Plaza de España viendo una película. Cosas inevitables surgen, como un beso, una caricia, un abrazo... Imagino que lo sabrás, sobre todo si tienes una relación de este tipo. Pero a veces pasa algo. A veces, miro a mi alrededor y veo dirigidas hacia mí, hacia ella, o hacia ambos, una mirada de desdén por parte de unos padres con hijos pequeños, o de unos abuelos con nietos... Nos miran como si estuviésemos matando gatitos.
¿Es tan malo demostrar cariño? Quiero decir: no estamos haciéndolo como un par de animales, simplemente demostramos el cariño que sentimos el uno por el otro de una forma inocente. Entonces, ¿por qué pretender que los niños no lo vean? Seguro que es mejor para ellos crecer viendo películas de James Bond o de Misión Imposible que viendo cómo ocasionalmente una pareja de jóvenes muestran su cariño....
Sinceramente no lo entiendo. Recuerdo que, a mediados de este curso, ella y yo íbamos tranquilamente andando por el pasillo del colegio, y cuando llegamos frente a la puerta de la clase que nos tocaba - que aún no había abierto- me apoyé en la pared y ella se inclinó sobre mí. Ya está, sólo fue eso. El pasillo estaba atestado de gente, unos que iban, otros que venían. Nosotros mismo estábamos rodeados por todos nuestros compañeros de clase. Pero pese a todo el mundo que podría estar observándonos, nadie reparó en nuestra presencia. Nadie excepto el jefe de estudios. Según nos vio, vino flechado hacia nosotros diciendo algo así como "ashí no she puede eshtá, hombre, esho she hashe fuera del colegio" (habrán observado que es andaluz). Acto seguido quiso hacer una pequeña gracia, diciendo que, aunque nos queramos mucho, no podíamos demostrarlo dentro del centro, que él quería mucho a nuestro delegado y no por ello iba por ahí abrazándole. ¿Cuál fue la consecuencia? Todo el mundo que ni siquiera sabía que estábamos "abrazados" (lo pongo entrecomillado ya que no era tal cosa) reparó en que estábamos juntos, y todos a una se sonrieron con sorna como diciendo: "depravados".
¿Por qué la gente es así? ¿Por qué hay que seguir lo que está socialmente aceptado? ¿Quién ha puesto esas normas? ¡Hemos sido nosotros mismos! ¿Es que nadie se da cuenta de que esas normas que nosotros nos hemos autoimpuesto se vuelven contra nosotros y nos limitan? ¿Por qué he de recatarme yo al estar con mi novia en la calle para no "traumatizar" la joven inocencia de un niño, pero he de aguantarme si ese niño es un pequeño diablo de esos que molestan sin parar?
Pero ya está. Ya no más. Basta, me he cansado. Decidí hace tiempo que haría lo que quisiera sin tener en cuenta la opinión de gente que no me conoce y que probablemente no volveré a ver: los que se creen portavoces de las convenciones sociales. Seré mi propio juez. Sólo yo decidiré si lo que estoy haciendo está bien o mal. Porque, al fin al cabo ¿cómo voy a respetar esas normas si ni siquiera respeto a quien me las ha impuesto? Pero a mí si me respeto.
No estoy diciendo que vaya a justificar comportamientos delictivos con estas premisas, eso es una cosa muy distinta. Para que una sociedad funcione, han de existir normas. Pero las únicas que veo viables son aquellas normas que no limitan a la persona, sino su comportamiento, aquellas que siguiendo un imperativo de "haz el bien, evita el mal" dibujan el boceto de lo que es el bien y lo que es el mal. Creo firmemente en que mi libertad acaba donde empieza la de los demás. Algo así como que nuestras libertades individuales son una maraña de pompas de jabón, que no se pueden mezclar las unas con las otras, a no ser que así se desee voluntariamente por ambas partes. Ahora bien, el tamaño de mi pompa lo decidiré yo. Yo decidiré si con mi pompa me quiero quedar a varios metros de la tuya, o si quiero que estemos pared con pared, al igual que no permitiré que otra pompa invada mi territorio. Aun así, creo haber aprendido -a base de explosiones de pompas anteriores- que la forma de mi pompa se puede modificar, que no tiene por qué ser esférica, que al igual que una ameba, puede variar su forma para aprovechar los huecos que quedan entre otras pompas vecinas. A las demás pompas, esto puede parecerle un comportamiento extraños, pero... qué diablos. Es un comportamiento extraño fuera de su membrana jabonosa así que no debería importarles. Y si les importa, lo siento, pero no voy a cambiar.
Como diría Ortega, yo soy yo y mi pompa [circunstancia], y si no la salvo a ella, no me salvo yo.
A modo de reflexión final sobre todo esto, quisiera sintetizar qué es aquello que me gustaría cambiar. Me gustaría que la sociedad no fuera tan intransigente, que fuera más abierta a nuevas ideas. Que cada uno se analizara a sí mismo y viera con sus propios ojos cuántas cosas ha dejado de hacer por seguir unos mandatos escritos con humo en una hoja de aire. Pero sobre todo me gustaría que se tomara conciencia a nivel global de que cada persona es individual, que cada uno tiene una mochila a cuestas que es propia y que nadie más puede cargar. Así, antes de juzgar, la gente preguntaría qué es lo que se lleva en la mochila, a fin de conocer mejor las motivaciones. Todo esto no lo veo como algo deseable. No lo veo como algo que sería bueno. No lo veo como algo interesante y atractivo. Lo veo como algo urgente y necesario. Pero a la vez como algo utópico. De momento la solución está clara: aceptación, pero sin resignación.
¿Es tan malo demostrar cariño? Quiero decir: no estamos haciéndolo como un par de animales, simplemente demostramos el cariño que sentimos el uno por el otro de una forma inocente. Entonces, ¿por qué pretender que los niños no lo vean? Seguro que es mejor para ellos crecer viendo películas de James Bond o de Misión Imposible que viendo cómo ocasionalmente una pareja de jóvenes muestran su cariño....
Sinceramente no lo entiendo. Recuerdo que, a mediados de este curso, ella y yo íbamos tranquilamente andando por el pasillo del colegio, y cuando llegamos frente a la puerta de la clase que nos tocaba - que aún no había abierto- me apoyé en la pared y ella se inclinó sobre mí. Ya está, sólo fue eso. El pasillo estaba atestado de gente, unos que iban, otros que venían. Nosotros mismo estábamos rodeados por todos nuestros compañeros de clase. Pero pese a todo el mundo que podría estar observándonos, nadie reparó en nuestra presencia. Nadie excepto el jefe de estudios. Según nos vio, vino flechado hacia nosotros diciendo algo así como "ashí no she puede eshtá, hombre, esho she hashe fuera del colegio" (habrán observado que es andaluz). Acto seguido quiso hacer una pequeña gracia, diciendo que, aunque nos queramos mucho, no podíamos demostrarlo dentro del centro, que él quería mucho a nuestro delegado y no por ello iba por ahí abrazándole. ¿Cuál fue la consecuencia? Todo el mundo que ni siquiera sabía que estábamos "abrazados" (lo pongo entrecomillado ya que no era tal cosa) reparó en que estábamos juntos, y todos a una se sonrieron con sorna como diciendo: "depravados".
¿Por qué la gente es así? ¿Por qué hay que seguir lo que está socialmente aceptado? ¿Quién ha puesto esas normas? ¡Hemos sido nosotros mismos! ¿Es que nadie se da cuenta de que esas normas que nosotros nos hemos autoimpuesto se vuelven contra nosotros y nos limitan? ¿Por qué he de recatarme yo al estar con mi novia en la calle para no "traumatizar" la joven inocencia de un niño, pero he de aguantarme si ese niño es un pequeño diablo de esos que molestan sin parar?
Pero ya está. Ya no más. Basta, me he cansado. Decidí hace tiempo que haría lo que quisiera sin tener en cuenta la opinión de gente que no me conoce y que probablemente no volveré a ver: los que se creen portavoces de las convenciones sociales. Seré mi propio juez. Sólo yo decidiré si lo que estoy haciendo está bien o mal. Porque, al fin al cabo ¿cómo voy a respetar esas normas si ni siquiera respeto a quien me las ha impuesto? Pero a mí si me respeto.
No estoy diciendo que vaya a justificar comportamientos delictivos con estas premisas, eso es una cosa muy distinta. Para que una sociedad funcione, han de existir normas. Pero las únicas que veo viables son aquellas normas que no limitan a la persona, sino su comportamiento, aquellas que siguiendo un imperativo de "haz el bien, evita el mal" dibujan el boceto de lo que es el bien y lo que es el mal. Creo firmemente en que mi libertad acaba donde empieza la de los demás. Algo así como que nuestras libertades individuales son una maraña de pompas de jabón, que no se pueden mezclar las unas con las otras, a no ser que así se desee voluntariamente por ambas partes. Ahora bien, el tamaño de mi pompa lo decidiré yo. Yo decidiré si con mi pompa me quiero quedar a varios metros de la tuya, o si quiero que estemos pared con pared, al igual que no permitiré que otra pompa invada mi territorio. Aun así, creo haber aprendido -a base de explosiones de pompas anteriores- que la forma de mi pompa se puede modificar, que no tiene por qué ser esférica, que al igual que una ameba, puede variar su forma para aprovechar los huecos que quedan entre otras pompas vecinas. A las demás pompas, esto puede parecerle un comportamiento extraños, pero... qué diablos. Es un comportamiento extraño fuera de su membrana jabonosa así que no debería importarles. Y si les importa, lo siento, pero no voy a cambiar.
Como diría Ortega, yo soy yo y mi pompa [circunstancia], y si no la salvo a ella, no me salvo yo.
A modo de reflexión final sobre todo esto, quisiera sintetizar qué es aquello que me gustaría cambiar. Me gustaría que la sociedad no fuera tan intransigente, que fuera más abierta a nuevas ideas. Que cada uno se analizara a sí mismo y viera con sus propios ojos cuántas cosas ha dejado de hacer por seguir unos mandatos escritos con humo en una hoja de aire. Pero sobre todo me gustaría que se tomara conciencia a nivel global de que cada persona es individual, que cada uno tiene una mochila a cuestas que es propia y que nadie más puede cargar. Así, antes de juzgar, la gente preguntaría qué es lo que se lleva en la mochila, a fin de conocer mejor las motivaciones. Todo esto no lo veo como algo deseable. No lo veo como algo que sería bueno. No lo veo como algo interesante y atractivo. Lo veo como algo urgente y necesario. Pero a la vez como algo utópico. De momento la solución está clara: aceptación, pero sin resignación.
Etiquetas:
convenciones sociales,
huida,
libertad,
normas,
pompas de jabón,
reglas,
represión
Suscribirse a:
Entradas (Atom)